Castillo de Molina de Aragón

Castillo de Molina de Aragón

El castillo de Molina, que se levanta sobre una escarpada loma, es una construcción del siglo XII, siendo señor de la villa el conde Manrique de Lara, quien la recibió de Alfonso I el Batallador tras la conquista de este territorio a los árabes, en 1129. Desde este se accede hasta la Torre de Aragón, situada en un altozano, donde antiguamente hubo un castro celtibérico que será fundamental para la defensa de la fortaleza molinesa.

La Torre de Aragón parece ser que fue construida sobre una antigua torre de vigía árabe. Su estratégica situación, era fundamental para la defensa del castillo, y la fortaleza de sus muros, bastarían inicialmente para defenderse con una pequeña  guarnición de posibles ataques enemigos. La muralla de mampostería que le rodea es una construcción del siglo XIX. Desde esta torre se accedía a la fortaleza-castillo por un túnel subterráneo, hoy en día derruidos.

El castillo, propiamente dicho, se halla rodeado por una extensa muralla, en cuyas esquinas se levantan poderosas torres, así como a lo largo de sus lienzos almenados (en total hubo ocho torres, de las que quedan cuatro en buen estado), por las que se comunicaban entre sí. Por el lado sur y poniente se levantó durante el siglo XIX una barbacana. En su interior, nos encontramos con un amplio espacio capaz no sólo ya de alojar a su guarnición sino también de acoger en él a toda la población de Molina en caso de ataque enemigo. La estancia de los condes se levantaba sobre el muro norte, dedicándose el resto de estancias interiores para almacenes, dormitorios para los soldados, caballerizas, etc.

La torre del homenaje, llamada de doña Blanca o de las Armas, se encuentra en el centro de las tres torres que miran hacia Molina; las otras dos torres son las de los Veladores, la de los Caballeros o Cubierta . En el interior de estas torres, que sirvieron como estancias, nos encontramos con interesantes bóvedas de crucería, ventanales, etc.

La villa de Molina se encontraba rodeada por una larga muralla que se extendía a lo largo del lomo de la montaña desde la torre noroeste hasta llegar al valle del río Gallo. Esta muralla de circunvalación se terminó de construir en tiempos de doña Blanca, quien ordenó, también, que se construyera la muralla que atraviesa el cerro por debajo del castillo y que fue conocida como “el cinto”. En esta zona se conservan restos de una antigua iglesia románica y un aljibe.

El acceso al recinto se producía por la puerta de poniente con un gran arco de medio punto, con cornisa almenada y un gran vano para defenderse y que se denomina Puerta del Reloj.  Otras puertas, como las de los Caballos o la del Campo, se situaban en sus muros y torres, utilizando los recodos para mejor defenderse de los posibles atacantes.

La hija de doña Blanca, María de Molina, se casó con Sancho IV, por lo que este señorío pasará a la corona de Castilla. Esta reina estuvo muy vinculada con Guadalajara, al igual que sus hijas, Beatriz e Isabel.

Bibliografía.

SERRANO FRANCISCO, Layna. Castillos de Guadalajara, 1962.

UBICACIÓN

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