Alcázar de Guadalajara

  • Época de construcción: Siglo IX
  • Estado: Semi ruinas
  • Uso actual: Público
  • Tipología: Alcázares
  • Visitas: Cerrado temporalmente al público
Alcázar de Guadalajara

El Alcázar Real de Guadalajara es una edificación del siglo XIII, posiblemente, construido sobre una alcazaba islámica del siglo IX, de la que hasta ahora no se han encontrado restos; se encuentra situado al sur de la ciudad, frente a la iglesia de la capilla de Nuestra Señora de los Remedios y la Escuela de Magisterio, entre la calle que baja a la estación, el barranco del Alamín y la calle Madrid.

El alcázar medieval es de planta rectangular y de él sólo permanecen en pie sus muros perimetrales, de mampostería y tapial, muy alterados a lo largo del tiempo. En las excavaciones realizadas se han identificado dos recintos:

a) La fortaleza antigua, de planta rectangular, tenía torreones circulares en las esquinas de los que sólo dos se han mantenido en pie en el frente meridional, cuyo lado mide 62 metros. Sus muros, construidos de mampostería careada, contaban en su exterior con forros de piedra, hoy desaparecidos, excepto en la muralla oriental, perforada por cinco ventanas que miran hacia el barranco el Alamín. En su interior se encontraba un patio porticado presidido por el crucero y la alberca central.

Contaba con dos puertas, una, en el extremo occidental que permitía la comunicación con el exterior de la ciudad y, otra, al sur, que la comunicaba con la ciudad.

b) El palacio del siglo XIV, obra de ampliación ordenada, quizá, por Alfonso XI. Construido de tapial, de él se conserva la mitad de un torreón oriental macizo, que refuerza la esquina que da al barranco del Alamín y otro, el torreón central, de mayor dimensión, ya que en el se albergaba la qubba o aula regia del palacio.

Estaba compuesto por tres crujías; en las dos primeras, parece que hubo unas galerías, a modo de pórtico, precediendo al gran salón septentrional y diversas salones. La tercera, presenta una fachada torreada y se corresponde con cinco espacios interiores, abiertos al salón principal.

De la ampliación del siglo XIV sabemos que la fortaleza contó con dos puertas: la meridional perteneciente al alcázar antiguo y la septentrional de nueva construcción.

Otros elementos de interés son:

. La qubba (sala del trono), de planta cuadrada, inserta en el interior de la torre central de la fachada norte, delimitada por muros de tapial y con un frente meridional, donde se localiza el ingreso, obra de ladrillo trabada con la de tapial mediante solución de adarajas alternas.

. El salón principal, que precede a la qubba, es de planta oblonga con alhanías en sus extremos.

. La capilla de San Ildefonso.

. La galería porticada que precedía al salón, de la que apenas se sabe nada.

. Un patio de crucero con su alberca central, de planta rectangular.

. La muralla que daba al barranco del Alamín, con tratamiento de fachada, en la que se abrieron seis vanos, que daban a una gran terraza. Es la única zona de la muralla que mantiene sus forros de piedra. En este lugar se edificó un salón y debajo se encuentra un espacio abovedado denominado tradicionalmente “caballerizas”, por su utilización como tal, así como de almacén.

. El patio de las letrinas, construido de ladrillo.

La alcazaba se encontraba rodeada por una barbacana construida por tapial de hormigón por sus frentes meridional y occidental. Frente a la calle Madrid, en el ángulo sudoccidental, hubo una gran puerta monumental con torreones macizos en sus ángulos, la puerta de Bramante. En su fachada meridional se abría una gran puerta-torre, abierta a una gran plaza, conocida como “Puerta del Peso de la harina”, obra de tapial construida en sólido hormigón, con forros de ladrillo, mandada construir por Enrique IV, al mismo tiempo que la barbacana.

En la muralla situada junto al alcázar se encontraba la puerta de Bramante, así llamada por su proximidad a la puerta del mismo nombre del alcázar; más tarde esta fue cerrada y abierta otra, de más fácil acceso denominada como de la Alcallería o de Madrid. Otras puertas de la muralla eran las del Mercado, la de Alvarfáñez o de la Feria, la de Bejanque, la de Zaragoza y la puerta Postigo. Había otros portillos como el de San Antonio, del Vado, de Santo Tomé, etc.

Durante los siglos XVI y XVII se asiste al deterioro y total ruina del alcázar al perder su principal función de hospedaje de reyes, función que pasó a desempeñar el palacio del Infantado, situado en sus inmediaciones. Por otra parte, los duques del Infantado, como alcaides de este alcázar, no se ocuparon de su restauración en ningún momento. A partir de 1718 la fortaleza medieval irá ligada a la construcción de la Real Fábrica de Paños, en el inmediato Palacio de los Montesclaros, espacio ocupado por el actual Archivo Militar al ser utilizado, primero como cantera y, después, como ampliación de la fábrica de paños.

Las condiciones para convertir este alcázar en espacio fabril las llevó a cabo Diego García en 1777, presentando un proyecto en el que se habilitaría el arruinado castillo del alcázar para colocar en él 400 telares de sarguetas. Del antiguo palacio sólo quedaron sus crujías perimetrales.

            Tras la finalización de su actividad fabril de forma definitiva, en 1822, este edificio pasó a tener otros usos; por ejemplo, en 1845, se instalaron en él unas unidades de Caballería o Infantería; desde 1847 lo ocuparon una sección de Zapadores jóvenes y en 1848, en el mismo cuartel, se constituía la Brigada Topográfica. El edificio principal se dividió en dos por un muro casi axial de dirección este oeste, dando lugar a los cuarteles de Santa Isabel y San Carlos.

En 1860 fue aprobado un proyecto de reforma general del edificio que eliminaba la división en dos cuarteles; el edificio sería ocupado por el segundo regimiento de ingenieros creado ese mismo año. El cuartel de San Carlos se ampliaba con otro edificio, el conocido como Peso de la harina.

En 1896, la Aerostación militar se estableció en Guadalajara, ocupando unos terrenos situados al sureste de San Carlos, donde se fueron construyendo edificios menores y cobertizos para los distintos usos del servicio.

Y entre 1898 y 1936, fecha en que fue destruido este edificio, ocupó este Cuartel de San Carlos la sección masculina del Colegio de Huérfanos de la Guerra que hasta entonces ocupaba el Palacio del Infantado.

Bibliografía:

CUADRADO PRIETO, M. A., CRESPO CANO, M. L., ARENAS ESTEBAN, J. A. “Primer avance de la excavación arqueológica en el alcázar de Guadalajara”, Actas del VI encuentro de historiadores del Valle del Henares (Alcalá de Henares, 1998).

GARCÍA BODEGA, A., Guadalajara y los ingenieros militares, Guadalajara, 2006.

HERRERA CASADO, A., “La muralla de Guadalajara”, Wad-al-Hayara, 13 (1986).

LAYNA SERRANO, F., Castillos de Guadalajara, Guadalajara, 1962.

NAVARRO PALAZÓN, J. « El Alcázar Real de Guadalajara. Un nuevo capítulo de la arquitectura bajomedideeval española », en Arqueología de Castilla-La Mancha. I Jornadas. Cuenca, 13-17 de diciembre de 2005.

PAVÓN MALDONADO, B., Guadalajara medieval. Arte y Arqueología. Árabe y Mudéjar, Madrid, 1984.

PRADILLO y ESTEBAN, P. J., “El Alcázar Real de Guadalajara, un castillo ignorado”, Castillos de España, 129 (2003a).

UBICACIÓN

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